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lunes, septiembre 11, 2006

Utopia. El sueño de Francis Baçon

Volví de mi mundo para despertar con la visión nublada. Empezaba a amanecer el cielo estaba gris. No había ni sol ni luna, sólo nubes perdidas como esponjas marinas que exprimían los malos aires sobre las flores indomables y las enredaderas de aquella isla soñada. La tierra humedecida resultaba muy apetecible.
Con los pies hundidos en la arena fina, fui paseando junto al mar tormentoso hasta llegar al concejo. Antes de bordear el último estadio de la calle la música ya se oía. Resultaban tremendamente melódicas las voces de las mujeres tocando los yembés y los niños pequeños saltando.
El mayor inconformista del concejo, levantó la voz. No había que decirle a nadie lo que tenía que hacer, hubo quien incluso se quedó entre las sábanas arrugadas, sacó el diccionario y leyó: Con la D:
- Desigualdad: Atribución de propiedades disyuntivas a la equidad por parte de individuos con personalidades autoritarias, en un intento de diferenciación basado en juicios irracionales y no en características lógicas.
- División: Operación matemática utilizada por la llamada humanidad, con el fin de compartir. Imposición obligatoria de la repartición.
El ruido de las campanas que sonaban de fondo se iba haciendo cada vez más claro. De pronto despertó.

martes, septiembre 05, 2006

visiones de farmacia

Preguntó, ¿la recuerdas estudiando?
- y ella contesto:
no, leía, no hacía nada más que leer...

lunes, enero 16, 2006

Minirelato

hacia mucho tiempo que no veia esa mirada. Los hombres solo miran asi a dos tipos de mujeres, a sus madres y sus amores-pensaba ella

miércoles, julio 20, 2005

20 horas con Paco

Paco es de Barcelona y puede que su casa este junto a la casa de Lis. Tiene el pelo rubio apagado y los ojos azules rayo. Lleva barba de dos días. Viaja por el mapa en un macro autobus verde de dos pisos que esta vacío. El autobús no tiene más que aceite para engrasar el corazón, y un gira-sol como estampa. Paco duerme cada día en un hotel diferente. Siempre pide una habitación acogedora a las afueras de cual sea la ciudad en la que esté. Come en cualquier sitio que sea recomendable. Y los domingos va a ver como despegan los aviones de papel en la exhibición de maquetas deshojadas. Paco vive invitando a subir a la gente al autobus verde que conduce Carlos. Quien sólo cuenta chistes de negros y mujeres y come chiches de menta y hace pompas sin parar hasta cuando duerme y sus labios son de boomer. Al correr un par de días, juntos, cambian de ciudad. Vuelta a empezar el día. Durante ocho horas con cuatro chicas desconocidas Paco habla de aceite adulterado con sabor a zumo de melocotón y a bifidus activo de yogurt. Viaja. No se queda con ninguna chica. Espera. A Paco se le oxidó el amor por culpa de Sol. De ella conserva todavía una alianza que lleva en el dedo corazón.

Cataratas

Marguerite paseaba por la margen izquierda del río. Con su corte a la francesa y la camiseta negra de rayas. El ruido del agua se ahogaba entre los gritos de los piragüistas. Una docena de cadetes se encontraba próxima a la meta. Liborio pasaba también por la orilla izquierda. Tenía todas las tardes libres para subir y bajar el río sin ayuda de un bastón. Marguerite y Liborio se cruzaron por el paseo de arena y se miraron sin querer. Liborio a pesar de ser de pueblo-como el decía, no dijo um que rica estas, por que como el decía- tenía educación. Marguerite pensaba en francés, y le entraron las ganas y la impaciencia de hacerse una foto con el Duero, sucio, pero con cascada y junto a una apuesta de sol. Llamó a Liborio por la espalda y antes de girarse ya decía Buenas Tardes Señorita, sonriendo con un solo diente. Margarite enfocó su objetivo y le dio la camera an foto an foto y Liborio con la camisa amarilla de los domingos que todavía llevaba hoy lunes cogió el aparato al igual que cogía a su nieto pequeño entre las manos. Se reía Liborio. Marguerite sonreía. Liborio guiñaba el ojo izquierdo, miraba por el derecho por el objetivo y volvía a guiñar mientras cerraba también el derecho. Marguerite apuntaba al río. Que Liborio sabía que no saldría en foto porque ¿cómo conseguiría hacerla si por el ojo derecho no veía porque tenía cataratas y sólo sabía guiñar el izquierdo?

Los Diálogos

Acércate, inclinó el cuerpo sobre el mostrador, me encanta el olor de la pescadilla, ella se ruborizó un instante, pescadero, sin caña no se puede pescar, ponme una angula larga, compacta que esté gorda, fresca chiquilla, y las miradas malintencionadas descongelaron a Wilt, que estaba allí pasmado, con su pelo rubio, y sus ojos azules, tan azules como el amanecer tras largas noches. Pensando como pedir vez, se necesita ticket, eh! no te cueles eh!, a los guiris se os da muy bien hacerlos los tontos, no entieindo, no entiendo, ja, llevo yo aquí 14 minutos con el 41, movió los ojos a la derecha, a la izquierda, como si fuera a cruzar la calle, alargó su brazo rojo cangrejo y sacó un número de la cesta que estaba en el mostrador entre la risa de La Pepi intentó aguantarse pero no pudo, rubio, que esto no es la ruleta americana, no se viene al mercado a jugar, tienes que coger el numero en la maquina, esa roaj, sí la roja esa, lo que yo decía no entieindo, no entieindo, que me toma el pelo, lo que intentaba era buscar en los tikets pasados uno anterior al 41, que no tengo todo el día, Clara, la Chiquilla que no era una más que una gamba, todo cuerpo, rozó su brazo, um que bueno, almejas, es lo mejor del día, tienes que pedir almejas, Wilt no sabía donde meterse, ninguna guía turística contenía advertencias sobre los mercados de bastos, o abajos, ah! abastos, capitán te hago esta noche una cena con ellas a la marinera. Cortó con el cuchillo machete tajantemente la cabeza de la angula y miro a Wilt, quieres que te limpie, que gracioso pensaba Clara, no se me cae tanto la baba como a ti, que pareces un caracol, baboso, si por favor límpiame un poco las escamas, y sonrió.